viernes, 22 de julio de 2011

Leyendas Urbanas - El Romeo y Julieta Porteño






Toda historia que protagonicen dos familias rivales nos hará recordar seguramente a la tan exitosa y famosa historia de Shakespeare sobre los Montesco y los Capuleto.

En Buenos Aires, la capital argentina, se cuenta a modo de leyenda urbana la historia de dos familias, una de caracter patricio como los Anchorena y otra de alta sociedad mas no noble, los Kavanagh que enfrentadas por motivos sectoriales no aprobaron el amor que se profesaban Corina Kavanagh y el hijo de Mercedes Castellanos de Anchorena

Finalmente todo termina en el amor inconcluso de los jóvenes y su separación. Pero como testigo de esta historia de amor imposible quedarían plasmados en la arquitectura de Buenos Aires dos de los edificios más emblemáticos de la ciudad, paradójicamente y literalmente enfrentados.


Mercedes Castellanos de Anchorena era una ferviente católica, descendiente del primer Anchorena que llegó al Virreynato del Río de la Plata a finales del 1700. Lo cierto es que el apellido Anchorena no contaba con una ascendencia patricia antes del desembarco en América del Sur, sin embargo cuenta la leyenda que el primer motivo de rechazo a la relación del hijo de Mercedes con Corina era el origen burgués de los Kavanagh.

Hacia 1912 los Anchorena ordenan la construcción de una lujosa y ostentosa basílica en honor al Santísimo Sacramento que además funcione como pateón de la familia cuya locación debía ser frente al palacio donde ellos recidían, plaza de por medio.




Se dice que ante la negación de Mercedes para con la relación de su hijo con Corina, ésta última decidió comprar el predio en venta frente a la basílica y construir en su lugar un edificio de 120 metros de altura que tape la vista de la Iglesia desde todos los puntos y en especial desde el Palacio de los Anchorena.

Es así como hasta el día de hoy el lujoso edificio que fue considerado el más alto de Latinoamérica durante unos cuantos años sigue obstruyendo la vista de la Iglesia haciéndose su apresiación posible solo desde un pasaje que paradójicamente lleva el nombre de Corina Kavanagh.

Muchos desestiman esta historia teniendo en cuenta que Mercedes de Anchorena falleció en el comienzo de los años 20 pero nadie ha podido evitar que ésta se convierta en leyenda.





Residencia de los Anchorena


Plaza San Martín frente al Kavanagh
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